Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve
presoledad
después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad
ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente solo en el mundo
sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo
los datos objetivos son como sigue
hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos
claro que la soledad no viene sola
si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente
después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad
conforme
pero
que vendrá después
de la soledad
a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.
Mario Benedetti.
viernes, mayo 23, 2008
jueves, mayo 22, 2008
sábado, mayo 03, 2008
32.
Bebé Rocamadour, bebé bebé, Rocamadour:
Rocamadour, ya sé que es como un espejo. Estás durmiendo o mirándote los piés. Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabés leer. Si supieras no te escribiría o te escribiría cosas importantes. Alguna vez tendré que escribirte que te portes bien o que te abrigues. Parece increíble que alguna vez, Rocamadour. Ahora solamente te escribo en el espejo, de vez en cuando tengo que secarme el dedo porque se moja de lágrimas. ¿Por qué, Rocamadour? No estoy triste, tu mamá es una pavota, se me fue al fuego el borsch que había hecho para Horacio; vos sabés quién es Horacio, Rocamadour, el señor que el domingo te llevó un conejito de terciopelo y que se aburría mucho porque vos y yo nos estábamos diciendo tantas cosas y él quería volver a París; entonces te pusiste a llorar y él te mostró cómo el conejito movía las orejas; en ese momento estaba hermoso, quiero decir Horacio, algún día comprenderás, Rocamadour.
Rocamadour, es idiota llorar así porque el borsch se ha ido al fuego. La pieza está llena de remolacha, Rocamadour, te divertirías si vieras los pedazos de remolacha y la crema, todo tirado en el suelo. Menos mal que cuando venga Horacio ya habré limpiado, pero primero tenía que escribirte, llorar así es tan tonto, las cacerolas se ponen blandas, se ven como halos en los vidrios de la ventana, y ya no se oye cantar a la chica del piso de arriba que canta todo el día Les amants du Havre. Cuando estemos juntos te lo cantaré, verás. Puisque la terre est ronde, mon amour t'en fais pas, mon amour, t'en fais pas... Horacio lo silva de noche cuando escribe o dibuja. A ti te gustaría, Rocamadour. A vos te gustaría. Horacio se pone furioso porque me gusta hablar de tú como Perico, pero en el Uruguay es distinto. Perico es el señor que no te llevó nada el otro día, pero que hablaba tanto de los niños y la alimentación. Sabe muchas cosas, un día le tendrás mucho respeto, Rocamadour y serás un tonto si le tienes respeto. Si le tenés, si le tenés respeto, Rocamadour.
Rocamadour, madame Irène no está contenta de que seas tan lindo, tan alegre, tan llorón y gritón y meón. Ella dice que todo está muy bien y que eres un niño encantador, pero mientras habla esconde las manos en los bolsillos del delantal como hacen algunos animales malignos, Rocamadour, y eso me da miedo. Cuando se lo dije a Horacio, se reía mucho, pero no se da cuenta de que yo lo siento, y que aunque no haya ningún animal maligno que esconde las manos, yo siento, no sé lo que siento, no lo puedo explicar. Rocamadour, si en tus ojitos pudiera leer lo que te ha pasado en esos quince días, momento por momento. Me parece que voy a buscar otra nourrice aunque Horacio se ponga furioso y diga, pero a ti no te interesa lo que el dice de mí. Otra nourrice que hable menos, no importa si dice que eres malo o que lloras de noche o que no quieres comer, no importa si cuando me lo dice yo siento que no es maligna, que me está diciendo algo que no puede dañarte. Todo es tan raro, Rocamadour, por ejemplo me gusta decir tu nombre y escribirlo, cada vez me parece que te toco la punta de la nariz y que te reís, en cambio madame Irène no te llama nunca por tu nombre, dice l'enfant, fijate, ni siquiera le gosse, dice l'enfant, es como si quisiera guantes de goma para hablar, a lo mejor los tiene puestos y por eso mete las manos en los bolsillos y dice que sos tan bueno y tan bonito.
Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda. No te puedo explicar porque eres tan chico, pero quiero decir que Horacio llegará enseguida. ¿Le dejo leer mi carta para que él también te diga alguna cosa? No, yo tampoco querría que nadie leyera una carta que es solamente para mí. Un gran secreto entre los dos, Rocamadour. Ya no lloro más, estoy contenta, pero es tan difícil entender las cosas, necesito tanto tiempo para entender eso que Horacio y los otros entienden enseguida, pero ellos que todo lo entienden tan bien no te pueden entender ni a ti ni a mí, no entienden que yo no puedo tenerte conmigo, darte de comer y cambiarte los pañales, hacerte dormir o jugar, no entienden y en realidad no les importa, y a mí que tanto me importa solamente se que no te puedo tener conmigo, que es malo para los dos, que tengo que estar sola con Horacio, vivir con Horacio, quién sabe hasta cuándo ayudándolo a buscar lo que el busca y que tú también buscarás, Rocamadour, porque serás un hombre y también buscarás como un gran tonto.
Es así, Rocamadour: en París somos como hongos, crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente hace todo el tiempo el amor y después fríe huevos y pone discos de Vivaldi, enciende los cigarrillos y habla como Horacio y Gregorovius y Wong y yo, Rocamadour, y como Perico y como Ronald y Babs, todos hacemos el amor y freimos huevos y fumamos, ah, no puedes saber todo lo que fumamos, todo lo que hacemos el amor, parados, acostados, de rodillas, con las manos, con las bocas, llorando o cantando, y afuera hay de todo, las ventanas dan al aire y eso empieza con un gorrión o con una gotera, llueve muchísimo aquí, Rocamadour, mucho más que en el campo, y las cosas se herrumban, las canaletas, las patas de las palomas, los alambres con los que Horacio hace esculturas. Casi no tenemos ropa, nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo, unos zapatos en los que no entre agua, somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio y muy hermoso en París, Rocamadour, las camas huelen a noche y a sueño pesado, debajo hay pelusas y libros, Horacio se duerme y el libro va a parar debajo de la cama, hay peleas terribles porque los libros no aparecen y Horacio cree que se los ha robado Ossip, hasta que un día aparecen y nos reímos, y casi no hay sitio para poner nada, ni siquiera otro par de zapatos, Rocamadour, para poner una palangana en el suelo hay que sacar el tocadiscos, pero dónde ponerlo si la mesa está llena de libros. Yo no te podría tener aquí, aunque seas tan pequeño no cabrías en ninguna parte, te golpearías contra las paredes. Cuando pienso en eso me pongo a llorar, Horacio no entiende, cree que soy mala, que hago mal en no traerte, aunque se que no te aguantaría mucho tiempo. Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tú y yo, hay que vivr combatiéndose, es la ley, la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a tí no te gustaría, tú que ves a veces los corderitos en los campos, o que oyes los pájaros parados en la veleta de la casa. Horacio me trata de sentimental, me trata de materialista, me trata de todo porque no te traigo o porque quiero traerte, porque renuncio, porque quiero ir a verte, porque de golpe comprendo que no puedo ir, porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a tí de un lado, el domingo del otro, el amor de madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer. No me da la gana de ir, Rocamadour, y tú sabes que está bien y no estás triste. Horacio tiene razón, no me importa nada de tí a veces, y creo que eso me lo agradecerás un día cuando comprendas, cuando veas que valía la pena que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour, y te escribo esta carta porque no sé, porque a lo mejor me equivoco, a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, la sola idea me da cólicos, tengo completamente metidos para adentro los dedos de los pies, voy a reventar los zapatos si no me los saco, y te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete...
Capítulo 32 de Rayuela. Julio Cortázar.
Rocamadour, ya sé que es como un espejo. Estás durmiendo o mirándote los piés. Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabés leer. Si supieras no te escribiría o te escribiría cosas importantes. Alguna vez tendré que escribirte que te portes bien o que te abrigues. Parece increíble que alguna vez, Rocamadour. Ahora solamente te escribo en el espejo, de vez en cuando tengo que secarme el dedo porque se moja de lágrimas. ¿Por qué, Rocamadour? No estoy triste, tu mamá es una pavota, se me fue al fuego el borsch que había hecho para Horacio; vos sabés quién es Horacio, Rocamadour, el señor que el domingo te llevó un conejito de terciopelo y que se aburría mucho porque vos y yo nos estábamos diciendo tantas cosas y él quería volver a París; entonces te pusiste a llorar y él te mostró cómo el conejito movía las orejas; en ese momento estaba hermoso, quiero decir Horacio, algún día comprenderás, Rocamadour.
Rocamadour, es idiota llorar así porque el borsch se ha ido al fuego. La pieza está llena de remolacha, Rocamadour, te divertirías si vieras los pedazos de remolacha y la crema, todo tirado en el suelo. Menos mal que cuando venga Horacio ya habré limpiado, pero primero tenía que escribirte, llorar así es tan tonto, las cacerolas se ponen blandas, se ven como halos en los vidrios de la ventana, y ya no se oye cantar a la chica del piso de arriba que canta todo el día Les amants du Havre. Cuando estemos juntos te lo cantaré, verás. Puisque la terre est ronde, mon amour t'en fais pas, mon amour, t'en fais pas... Horacio lo silva de noche cuando escribe o dibuja. A ti te gustaría, Rocamadour. A vos te gustaría. Horacio se pone furioso porque me gusta hablar de tú como Perico, pero en el Uruguay es distinto. Perico es el señor que no te llevó nada el otro día, pero que hablaba tanto de los niños y la alimentación. Sabe muchas cosas, un día le tendrás mucho respeto, Rocamadour y serás un tonto si le tienes respeto. Si le tenés, si le tenés respeto, Rocamadour.
Rocamadour, madame Irène no está contenta de que seas tan lindo, tan alegre, tan llorón y gritón y meón. Ella dice que todo está muy bien y que eres un niño encantador, pero mientras habla esconde las manos en los bolsillos del delantal como hacen algunos animales malignos, Rocamadour, y eso me da miedo. Cuando se lo dije a Horacio, se reía mucho, pero no se da cuenta de que yo lo siento, y que aunque no haya ningún animal maligno que esconde las manos, yo siento, no sé lo que siento, no lo puedo explicar. Rocamadour, si en tus ojitos pudiera leer lo que te ha pasado en esos quince días, momento por momento. Me parece que voy a buscar otra nourrice aunque Horacio se ponga furioso y diga, pero a ti no te interesa lo que el dice de mí. Otra nourrice que hable menos, no importa si dice que eres malo o que lloras de noche o que no quieres comer, no importa si cuando me lo dice yo siento que no es maligna, que me está diciendo algo que no puede dañarte. Todo es tan raro, Rocamadour, por ejemplo me gusta decir tu nombre y escribirlo, cada vez me parece que te toco la punta de la nariz y que te reís, en cambio madame Irène no te llama nunca por tu nombre, dice l'enfant, fijate, ni siquiera le gosse, dice l'enfant, es como si quisiera guantes de goma para hablar, a lo mejor los tiene puestos y por eso mete las manos en los bolsillos y dice que sos tan bueno y tan bonito.
Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda. No te puedo explicar porque eres tan chico, pero quiero decir que Horacio llegará enseguida. ¿Le dejo leer mi carta para que él también te diga alguna cosa? No, yo tampoco querría que nadie leyera una carta que es solamente para mí. Un gran secreto entre los dos, Rocamadour. Ya no lloro más, estoy contenta, pero es tan difícil entender las cosas, necesito tanto tiempo para entender eso que Horacio y los otros entienden enseguida, pero ellos que todo lo entienden tan bien no te pueden entender ni a ti ni a mí, no entienden que yo no puedo tenerte conmigo, darte de comer y cambiarte los pañales, hacerte dormir o jugar, no entienden y en realidad no les importa, y a mí que tanto me importa solamente se que no te puedo tener conmigo, que es malo para los dos, que tengo que estar sola con Horacio, vivir con Horacio, quién sabe hasta cuándo ayudándolo a buscar lo que el busca y que tú también buscarás, Rocamadour, porque serás un hombre y también buscarás como un gran tonto.
Es así, Rocamadour: en París somos como hongos, crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente hace todo el tiempo el amor y después fríe huevos y pone discos de Vivaldi, enciende los cigarrillos y habla como Horacio y Gregorovius y Wong y yo, Rocamadour, y como Perico y como Ronald y Babs, todos hacemos el amor y freimos huevos y fumamos, ah, no puedes saber todo lo que fumamos, todo lo que hacemos el amor, parados, acostados, de rodillas, con las manos, con las bocas, llorando o cantando, y afuera hay de todo, las ventanas dan al aire y eso empieza con un gorrión o con una gotera, llueve muchísimo aquí, Rocamadour, mucho más que en el campo, y las cosas se herrumban, las canaletas, las patas de las palomas, los alambres con los que Horacio hace esculturas. Casi no tenemos ropa, nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo, unos zapatos en los que no entre agua, somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio y muy hermoso en París, Rocamadour, las camas huelen a noche y a sueño pesado, debajo hay pelusas y libros, Horacio se duerme y el libro va a parar debajo de la cama, hay peleas terribles porque los libros no aparecen y Horacio cree que se los ha robado Ossip, hasta que un día aparecen y nos reímos, y casi no hay sitio para poner nada, ni siquiera otro par de zapatos, Rocamadour, para poner una palangana en el suelo hay que sacar el tocadiscos, pero dónde ponerlo si la mesa está llena de libros. Yo no te podría tener aquí, aunque seas tan pequeño no cabrías en ninguna parte, te golpearías contra las paredes. Cuando pienso en eso me pongo a llorar, Horacio no entiende, cree que soy mala, que hago mal en no traerte, aunque se que no te aguantaría mucho tiempo. Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tú y yo, hay que vivr combatiéndose, es la ley, la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a tí no te gustaría, tú que ves a veces los corderitos en los campos, o que oyes los pájaros parados en la veleta de la casa. Horacio me trata de sentimental, me trata de materialista, me trata de todo porque no te traigo o porque quiero traerte, porque renuncio, porque quiero ir a verte, porque de golpe comprendo que no puedo ir, porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a tí de un lado, el domingo del otro, el amor de madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer. No me da la gana de ir, Rocamadour, y tú sabes que está bien y no estás triste. Horacio tiene razón, no me importa nada de tí a veces, y creo que eso me lo agradecerás un día cuando comprendas, cuando veas que valía la pena que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour, y te escribo esta carta porque no sé, porque a lo mejor me equivoco, a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, la sola idea me da cólicos, tengo completamente metidos para adentro los dedos de los pies, voy a reventar los zapatos si no me los saco, y te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete...
Capítulo 32 de Rayuela. Julio Cortázar.
miércoles, marzo 26, 2008
Terapia.
(o Calentura de Invierno)
-Hola, me llamo Pabla...
-HOLA, PABLA!
-les daré mi testimonio, desde chica me enfermo en malas fechas o me enfermo de varias cosas a la vez. Con apenas catorce años me empezaron a diagnosticar enfermedades hormonales que se hicieron una GRAN pelota de nieve al punto de que hoy, no tengo un diagnóstico claro... la verdad es esta (aunque cueste reconocer el poco empeño que pusieron en uno)... NO SOY MÁS QUE EL PRODUCTO DE UNA CALENTURA DE INVIERNO DE UN MATRIMONIO JOVEN !
-(aplausos)
martes, marzo 11, 2008
Recurso Nocturno.
Cuando era una niña de 6 o 7 años me costaba mucho dormirme, sobre todo los domingos en la noche. Yo era una niña muy buena, de esas que no pelean con sus amigos, no dicen groserías y no se quedan con el vuelto del pan.
Encontré un recurso nocturno, que se parecía a contar ovejas, pero que no tenía que ver con ovejas. Era un doble recurso nocturno, porque además de dormirme lograba liberarme un ratito de ese papel -muy molesto, a veces- de ser una niña buena.
Hueón, hueona, puta, mierda, ahueonao, saco de hueas, cabrón, chuchesumadre, conchetumadre, maraca, maraco, maricón, culiao', culiá, culo, pico, zorra, chupapico, chucha, cagao, cagaste, cagamos...
Encontré un recurso nocturno, que se parecía a contar ovejas, pero que no tenía que ver con ovejas. Era un doble recurso nocturno, porque además de dormirme lograba liberarme un ratito de ese papel -muy molesto, a veces- de ser una niña buena.
Hueón, hueona, puta, mierda, ahueonao, saco de hueas, cabrón, chuchesumadre, conchetumadre, maraca, maraco, maricón, culiao', culiá, culo, pico, zorra, chupapico, chucha, cagao, cagaste, cagamos...
lunes, enero 21, 2008
Seríamos un puño.
... Seríamos un puño
Contra el silencio seco de la noche, y de pronto...
Un fragmento silencioso de noche nos golpeó secamente...
... Me bastó la mitad de un momento para que tu tibieza,
Tu rumbo cálido hacia el día, anidaran en mí, para decirme que aún permanezco,
Que inevitablemente te quedarás en mí, aunque no habites nunca mis otoños...
Aunque ni sepas, ni mires, ni compartas
El ventarrón oscuro de mi tristeza desatada, de mi coraje
Y mi beso, congelados, mudos
De este tiempo terrible, de no poder decir que te quiero
(y te quiero
Desde hace un tiempo-nostalgia-soledad (enmudecido por mis letras
tristes)
(Y me parece que la vida nueva
Requiere de este romperce a pedacitos moribundos... )
...Y hoy no se qué pensar de este dolor profundo de nostalgia
Que me triza el costado, la herida enamorada de viajarme
Al territorio triste de lo que no conozco.
Creo que ya no pienso más en mí... (yo no había pensado
nunca en otra cosa...)
Habitaré la casa chiquitita de mi pena, contemplando y bebiendo
la frutal acogida, en los estambres verdes de la rosa escencial,
De la ternura patria que brillara algún día...
... te llevaré conmigo (aunque nunca lo sepas) abrazándome siempre,
Entibiando tus manos heladas desde siempre, desde antes de mis manos
(... hechas para las tuyas, se me ocurre... de tiempo y de nostalgia...)
Y me hablará tu boca de cómo hacer el mundo para el color naciente
(... yo no la besé nunca, de no vivir entre tus labios de semilla,
se me muere la risa entre los dientes tristes...)
De cómo abrigarme en tu sonrisa cristalina contra el invierno sollozante.
Ya no se qué decir...
... que dolor de nostalgia en el costado !!!!
(... )
(...seríamos un puño...
Y tú no lo sabrás hasta que la mañana
Se duerma alegre entre jardines de sonrisas
... o quizás nunca sepas de mis angustias tiernas por no poder tomar
Tu mano y no soltarte
Hacia la roja flor de primavera..).
Pato Cruz. Otoño '90.
Contra el silencio seco de la noche, y de pronto...
Un fragmento silencioso de noche nos golpeó secamente...
... Me bastó la mitad de un momento para que tu tibieza,
Tu rumbo cálido hacia el día, anidaran en mí, para decirme que aún permanezco,
Que inevitablemente te quedarás en mí, aunque no habites nunca mis otoños...
Aunque ni sepas, ni mires, ni compartas
El ventarrón oscuro de mi tristeza desatada, de mi coraje
Y mi beso, congelados, mudos
De este tiempo terrible, de no poder decir que te quiero
(y te quiero
Desde hace un tiempo-nostalgia-soledad (enmudecido por mis letras
tristes)
(Y me parece que la vida nueva
Requiere de este romperce a pedacitos moribundos... )
...Y hoy no se qué pensar de este dolor profundo de nostalgia
Que me triza el costado, la herida enamorada de viajarme
Al territorio triste de lo que no conozco.
Creo que ya no pienso más en mí... (yo no había pensado
nunca en otra cosa...)
Habitaré la casa chiquitita de mi pena, contemplando y bebiendo
la frutal acogida, en los estambres verdes de la rosa escencial,
De la ternura patria que brillara algún día...
... te llevaré conmigo (aunque nunca lo sepas) abrazándome siempre,
Entibiando tus manos heladas desde siempre, desde antes de mis manos
(... hechas para las tuyas, se me ocurre... de tiempo y de nostalgia...)
Y me hablará tu boca de cómo hacer el mundo para el color naciente
(... yo no la besé nunca, de no vivir entre tus labios de semilla,
se me muere la risa entre los dientes tristes...)
De cómo abrigarme en tu sonrisa cristalina contra el invierno sollozante.
Ya no se qué decir...
... que dolor de nostalgia en el costado !!!!
(... )
(...seríamos un puño...
Y tú no lo sabrás hasta que la mañana
Se duerma alegre entre jardines de sonrisas
... o quizás nunca sepas de mis angustias tiernas por no poder tomar
Tu mano y no soltarte
Hacia la roja flor de primavera..).
Pato Cruz. Otoño '90.
domingo, diciembre 02, 2007
La foto salió movida.
Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos estan donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paraguero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para qué. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.
Julio Cortázar.-
Julio Cortázar.-