
Es lo que pasa cuando necesitas inspiraciones, no sabes por qué, ni mucho menos para qué..., pero miras y te llegan luces e imágenes de todos lados, tantas que te quedas ciego, pero sobrevives, claro, porque necesitas esa inspiración para no permanecer ciego, entonces esa inspiración te envuelve, las luces e imágenes te encantan y te hacen simple y puramente feliz por un instante, entonces te aferras a eso, a eso que acaba de encantarte, lo haces tuyo y te aferras más fuerte, que nadie interrumpa ese momento, que nadie te lo quite, que sea tuyo y que nadie vea ese detalle de la misma manera que tú.
Eso es lo que me pasa a mí con las ventanas iluminadas, es por eso que me muevo por la cuidad cuando anochece, porque es el momento del día en que se iluminan las ventanas y en ellas comienzan a pasearse personajes preparándo cenas, fiestas, fumando cigarrillos, escuchando música, alistándose comidas rápidas para ver películas, y muchas cosas más, todo lo que te puedas imaginar.
Es lindo que la noche me encuentre en la calle porque se empiezan a iluminar las ventanas, dando paso al espectáculo de sombras. Y me paro en medio de la vereda (sólo camino por las veredas, nunca por la calle, a menos que en mi sangre hayan índices de alcohol un tanto elevados), y me quedo mirando, con la cara y los ojos brillantes, las ventanas, en la más voyeur, pero es sólo por un momento, un momento que yo se difrutar.